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El coronavirus puede detenerse pero se necesitan medidas drásticas para lograrlo, dicen los expertos

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Por aterrador que nos pueda parecer el coronavirus, podemos hacerlo retroceder. China, Corea del Sur, Singapur y Taiwán lo han demostrado. Con esfuerzos descomunales, el contagio puede frenarse.

Que lo puedan mantener suprimido está por verse. Pero para que Estados Unidos repita ese éxito se requerirán niveles extraordinarios de coordinación y dinero por parte de los líderes del país, y niveles extraordinarios de confianza y cooperación entre la ciudadanía.

Existe una posibilidad de detener el coronavirus. Este contagio tiene una debilidad.

Aunque hay incidentes de propagación rampante (como ocurrió en el crucero de Diamond Princess), con mayor frecuencia, el coronavirus infecta a grupos de familiares, amigos y colegas de trabajo, dijo David L. Heymann, quien preside un panel de expertos que asesora a la Organización Mundial de la Salud (OMS) en casos de urgencia.

Nadie sabe con certeza por qué el virus viaja de esta manera, pero los expertos ven, sin embargo, una oportunidad. “Los grupos se pueden contener”, dijo Heymann. “Necesitas identificar y detener los brotes discretos y luego hacer un riguroso rastreo de contactos”.

Pero hacerlo requiere trabajo inteligente de rápida adaptación por parte de los funcionarios de salud y una cooperación casi total por parte de la población. La contención solo es realista si los ciudadanos se dan cuenta de que trabajar juntos es la única forma de protegerse a sí mismos y a sus seres queridos.

En entrevistas con una decena de los principales expertos mundiales en el combate de epidemias encontramos que hay un extenso consenso sobre las medidas que se deben tomar de inmediato. Los expertos consultados incluyeron a funcionarios de salud pública, científicos y epidemiólogos y exfuncionarios sanitarios de gobiernos estadounidenses tanto de presidentes republicanos como de demócratas.

Debe convencerse a los estadounidenses de permanecer en casa, dijeron, y se tiene que implementar un sistema para aislar a los infectados y cuidarlos afuera del hogar. Las restricciones de viaje deberían extenderse, aseguraron; la producción de tapabocas y respiradores debe acelerarse y los problemas con las pruebas de diagnóstico tienen que resolverse.

No queda del todo claro si una nación tan fundamentalmente comprometida con la libertad individual y tan desconfiada del gobierno será capaz de aprender a adaptarse a muchas de estas medidas, especialmente aquellas que huelen a compulsión por parte del Estado.

“La costumbre estadounidense es buscar mejores resultados mediante un sistema voluntario”, comentó Luciana Borio, quien fue directora de preparación médica y biodefensa del Consejo de Seguridad Nacional antes de que su unidad fuera disuelta en 2018. “Creo que podemos hacer un llamado para que la gente haga lo correcto”.

En la semana desde que comenzaron a realizarse las entrevistas, se han producido cambios notables en la vida estadounidense. Los gobiernos estatales han aconsejado a la población quedarse en casa. Los negocios no esenciales están siendo cerrados.

Las calles no habían estado tan tranquilas en décadas, e incluso entre amigos se mantiene una distancia cautelosa. Lo que parecía impensable hace solo una semana se está convirtiendo rápidamente en la nueva normalidad.

A continuación, las recomendaciones de los expertos entrevistados por The New York Times.

La Casa Blanca realiza sesiones informativas frecuentes para describir los avances del gobierno contra la pandemia; a menudo las encabeza el presidente, Donald Trump, o el vicepresidente, Mike Pence, rodeados de un reparto cambiante de funcionarios.

Muchos expertos se negaron a hablar de manera oficial por temor a ofender al presidente, pero opinaron de manera unánime que los políticos deben hacerse a un lado y dejar que los científicos lideren el esfuerzo para contener el virus y expliquen a los estadounidenses qué se tiene que hacer.

Del mismo modo en que los generales toman el liderazgo durante los informes diarios en tiempos de guerra —como hizo el general Norman Schwarzkopf durante la Guerra del Golfo Pérsico— los expertos médicos son quienes deben tomar el micrófono para explicar ideas de alta complejidad como las curvas de la epidemia, el distanciamiento social y el uso de medicamentos.

El micrófono no debería siquiera estar en la Casa Blanca, dijeron los científicos, para que los informes de importancia histórica no se conviertan en intercambios iracundos y politizados con la prensa, como sucedió el viernes 20 de marzo.

En cambio, los líderes deben describir la inminente crisis y las posibles soluciones de una manera que genere confianza en los estadounidenses.

Sobre todo, comentaron los expertos, las sesiones informativas deben centrarse en salvar vidas y asegurarse de que los trabajadores asalariados sobrevivan los tiempos difíciles que se avecinan, no en el mercado bursátil, la industria turística ni la salud del presidente. No hay tiempo para hacer señalamientos públicos ni nombrar culpables.

“A estas alturas de la emergencia, tiene poco mérito perder tiempo en lo que deberíamos haber hecho o de quién es la culpa”, comentó el almirante Tim Ziemer, quien dirigió la unidad de la respuesta a las pandemias del Consejo de Seguridad Nacional antes de su disolución.

“Necesitamos concentrarnos en el enemigo y ese es el virus”.

Según los expertos, la siguiente prioridad es el distanciamiento social extremo. De acuerdo con los epidemiólogos, si fuera posible ondear una varita mágica y hacer que todos los estadounidenses se quedaran inmóviles en donde están durante catorce días, sentados a 1,8 metros de distancia entre sí, toda la epidemia se detendría de inmediato.

El virus desaparecería de todas las superficies contaminadas y, dado que casi todos los infectados han mostrado síntomas en dos semanas, quedaría en evidencia quién estaba infectado. Si tuviéramos suficientes pruebas para cada estadounidense, incluso los casos completamente asintomáticos podrían encontrarse y aislarse.

La crisis terminaría.

Evidentemente, no hay una varita mágica. Pero la meta de los cierres de emergencia y el distanciamiento social es aproximarnos lo más posible a esa inmovilización total. Para lograrlo, dicen los expertos, los viajes y la interacción humana deben reducirse al mínimo.

Italia lo hizo de manera gradual. Los funcionarios fueron cerrando a regañadientes y con lentitud restaurantes, iglesias y museos y prohibieron funerales y bodas. Sin embargo, la cantidad de muertes sigue aumentando.

Estados Unidos ha ido adoptando las medidas lentamente. Los vuelos internacionales se han prohibido pero no así los nacionales. El estado de California ha ordenado a la gente quedarse en casa; Nueva York iba a cerrar los negocios no esenciales el domingo por la noche.

Pero otros estados tienen menos restricciones. En Florida, los vacacionistas han ignorado durante días el pedido del gobierno de abandonar las playas.

El 20 de marzo el doctor Anthony S. Fauci, el asesor médico jefe del Grupo de Trabajo de la Casa Blanca para el coronavirus dijo que esta a favor de medidas restrictivas en todo el país.

En contraste con estas medidas vacilantes, China cerró Wuhan—el epicentro del brote en ese país— y restringió el movimiento en gran parte del país el 23 de enero, cuando había solo 500 casos y se habían registrado 17 muertes.

Esta medida tuvo un efecto importante: el virus quedó aislado principalmente en una provincia y el resto de China tuvo capacidad para salvar a Wuhan.

Incluso cuando muchas ciudades libraban una batalla con sus propios brotes más reducidos, enviaron 40.000 trabajadores médicos a Wuhan, lo que duplicó la fuerza de salud de la provincia.

En una sociedad vasta y cerrada en gran parte, puede ser difícil saber qué sucede en el terreno, y no hay garantía de que el virus no vuelva a surgir a medida que la economía china se reactive.

Pero la lección es que se necesitarán regiones relativamente no afectadas de Estados Unidos para ayudar a rescatar ciudades abrumadas como Nueva York y Seattle. Para mantener estas áreas al menos algo libres del coronavirus se tienen que promulgar medidas estrictas de manera rápida.

Dentro de las ciudades, existen puntos conflictivos peligrosos: un restaurante, un gimnasio, un hospital, e incluso un taxi, pueden estar más contaminados que otros sitios porque alguien tuvo un ataque de tos en su interior.

Cada día de retraso en detener el contacto humano, a decir de los expertos, crea más puntos conflictivos, ninguno de los cuales puede identificarse sino hasta una semana después, cuando la gente infectada comienza a enfermarse.

Para detener la explosión, la actividad a nivel municipal debe limitarse. A pesar de ello, algunos estadounidenses deben seguir trabajando: doctores, enfermeras, choferes de ambulancias; policías y bomberos; los técnicos que mantienen la red eléctrica y las líneas telefónicas. La entrega de comida y medicamentos debe continuar.

Sin embargo, cuanto más débil la inmovilización, más gente muere en hospitales saturados y, en última instancia, más tiempo se requiere para restablecer la economía.

Las personas se adaptan al encierro. En Wuhan, los complejos residenciales envían órdenes grupales de comida, medicinas, pañales y otros artículos indispensables. Los paquetes se preparan en almacenes de abarrotes o en despensas del gobierno y se reparten. En Italia los vecinos confinados se unen en serenatas.

Es una idea que intimida. Pero entre más débil sea la medida más personas mueren en hospitales que desbordan su capacidad. Y al final, también la recuperación de la economía demora más.

Corea del Sur evitó cerrar las ciudades pero solo lo logró por tomar veloces y tempranas medidas. En enero el país ya había encomendado a cuatro empresas realizar las pruebas diagnósticas y para el 9 de marzo había hecho análisis a 210.000 ciudadanos, lo que equivaldría a que Estados Unidos hiciera prueba a 2,3 millones de estadounidenses.

En la misma fecha se habían hecho pruebas a menos de 9000 estadounidenses.

En Corea del Sur todos los que están infectados se mudan a refugios del gobierno y los datos del teléfono y tarjetas de crédito se usan para rastrear sus movimientos previos y localizar a los contactos de estas personas. La ubicación por la que anduvieron se da a conocer a los celulares de todos los que se encontraban cerca.

Todos los que hayan estado potencialmente expuestos son enviados a cuarentena en su domicilio y una aplicación de GPS le informa a la policía si la persona sale. La multa por hacerlo es de 8000 dólares.

Los investigadores británicos intentan desarrollar una aplicación similar que resulte más aceptable para los ciudadanos de democracias occidentales.

Los expertos afirman que las pruebas de detección se deben hacer de manera coordinada y segura. Primero los que están graves y, además, debe protegerse a quienes aplican las pruebas.

En China, aquellos que solicitan una prueba deben describir primero sus síntomas en un sitio web de telemedicina. Si una enfermera decide que se justifica la prueba, el paciente es enviado a una de las docenas de “clínicas de fiebre” que se instalaron lejos de todos los demás pacientes.

Después, personal con equipo protector de pies a cabeza revisa su temperatura y hace una entrevista. Luego, idealmente, a los pacientes se les realiza una prueba rápida de gripe y se toma un recuento de glóbulos blancos para descartar influenza y neumonía bacteriana.

Posteriormente se lleva a cabo una visualización de los pulmones en tomografía computarizada en búsqueda de “opacidades en vidrio esmerilado” que distinguen la neumonía y descarta cáncer y tuberculosis. Solo entonces se les hace la prueba diagnóstica de coronavirus y se les indica esperar los resultados en el centro.

Los resultados demoran al menos cuatro horas. Antes, si los resultados iban a entregarse recién al día siguiente, los pacientes eran trasladados a un hotel para esperar —a veces durante dos o tres días— si los médicos creían que se justificaba volver a realizar las pruebas. Puede tomar varios días después de una exposición para que una prueba dé positivo.

En Estados Unidos, la gente que quiere que le hagan la prueba está llamando a sus médicos, que tal vez no las tengan. El viernes, la ciudad de Nueva York restringió las pruebas y decretó que solo serían para aquellos pacientes que requieran hospitalización, con el argumento de que el sistema está saturándose.

Los expertos piden que, a la brevedad posible, Estados Unidos desarrolle una alternativa a la práctica de aislar a los enfermos en casa, ya que esto pone en riesgo a las familias. En China, entre el 75 y el 80 por ciento de todas las transmisiones ocurrieron en grupos familiares.

Ese patrón ya se ha repetido en Estados Unidos. Siete miembros de una familia numerosa en Nueva Jersey fueron infectados; cuatro ya han muerto. Después de que un abogado en New Rochelle, Nueva York, se enfermó, su esposa, hijo e hija dieron positivo.

En lugar de una política que aconseje a los enfermos quedarse en casa, como ahora hacen los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, los expertos dicen que las ciudades deben establecer instalaciones donde los enfermos leves y moderados puedan recuperarse.

Wuhan creó muchos centros como esos, a los que llamaron “hospitales temporales”. Cada uno era una mezcla entre un dormitorio y una clínica de primeros auxilios. Tenían camas y tanques de oxígeno, pero no las máquinas avanzadas que se utilizan en las unidades de cuidados intensivos.

Ahora las ciudades estadounidenses cuentan con muchos espacios que podrían funcionar como pabellones de aislamiento. Nueva York ya está considerando convertir el Centro de Convenciones Jacob K. Javits en un hospital provisional.

El doctor Bruce Aylward, líder del equipo de observadores de la OMS en China, dice que en ese país la gente al principio se resistía a abandonar su hogar o permitir que sus hijos fueran internados en centros de aislamiento sin derecho a recibir visitas, algo que los estadounidenses sin duda también harían.

En China llegaron a aceptarlo.

“Se dieron cuenta de que mantenían a salvo a sus familias”, dijo. “También, el aislamiento es realmente solitario. Es psicológicamente difícil. Aquí todos estaban con otros en el mismo barco. Se apoyaban”.

Dado que China, Taiwán y Vietnam padecieron el embate del síndrome respiratorio agudo grave en 2003, y Corea del Sur ha luchado contra el síndrome respiratorio de Oriente Medio, las revisiones de fiebre durante los brotes de la enfermedad se volvieron rutinarios.

En la mayoría de las ciudades en los países asiáticos afectados, es habitual que se revise la temperatura de la gente antes de entrar a un autobús, tren o estación del metro, edificio de oficinas, teatro o incluso un restaurante. También es necesario lavarse las manos con agua clorada.

“Después te daban una etiqueta adhesiva”, dijo el doctor Heymann, quien acaba de pasar una semana dando clases en Singapur. “Me hice de una colección considerable de esas etiquetas”.

En China, tener fiebre significa un viaje obligatorio a una “clínica de fiebre” para descartar coronavirus. En la zona de Wuhan distintas ciudades adoptaron distintos enfoques.

Hay videos tomados con el celular en China que muestran a oficiales de policía yendo a tomar la temperatura a domicilio. En algunos de ellos, quienes se resisten son llevados a la fuerza.

La ciudad de Ningbo ofreció recompensas de 1400 dólares a cualquiera que denunciara a una víctima de coronavirus.

La ciudad de Qianjiang, por el contrario, ofreció la misma cantidad de dinero los residentes que se presentaron voluntariamente y dieron positivo.

Algunas de estas medidas incomodan a los expertos occidentales. Es difícil que un estadounidense permita que a un familiar con fiebre se lo lleven a rastras a un sitio de aislamiento donde no pueda recibir visitas.

Los derechos de muchas personas fueron violados”, dijo la doctora Borio.

Las medidas voluntarias, como explicar a los pacientes que van a cuidar así a sus amigos y familiares, pueden funcionar mejor en Occidente, agregó.

Los expertos nos dicen que es fundamental encontrar y efectuar pruebas a todos los contactos de cada caso positivo. En el momento más álgido de la epidemia, Wuhan tenía a 18.000 personas que rastreaban a los individuos que habían estado en contacto con quienes se habían contagiado.

En estos momentos, los departamentos de salud de algunos condados estadounidenses carecen de personal hasta para los casos de sífilis o tuberculosis, ya no digamos montones de contactos casuales de alguien infectado con coronavirus.

Borio sugirió que los jóvenes estadounidenses podrían usar sus redes sociales para “hacer su propio rastreo de contactos”.

La estrategia de China es bastante intrusiva. En algunas ciudades, quienes quieran usar el metro deben descargar una aplicación que determina su nivel de riesgo sanitario. Hay aplicaciones en Corea del Sur que informan a los usuarios por dónde han andado exactamente usuarios infectados.

Cuando dio clases en una universidad de Singapur, dijo el doctor Heymann, había decenas de estudiantes. Pero justo antes de iniciar la clase se tomaba una fotografía para registrar dónde se había sentado cada quien.

“De ese modo, si alguien después resulta infectado, puedes determinar quién se sentó cerca”, dijo Heymann. “Es bastante astuto”.

Los que tuvieron contacto con alguna persona infectada deben quedarse en casa 14 días y tomarse la temperatura dos veces al día y reportarla.

Existen muy pocos datos que demuestran que los tapabocas quirúrgicos planos protegen a los individuos sanos de la enfermedad. No obstante, los países asiáticos por lo general implementan como medida obligatoria usarlos. La estrategia asiática tiene más que ver con la psicología de la multitud que con los datos, explicaron los expertos.

Todos los expertos concuerdan en que los enfermos deben usar tapabocas para evitar la propagación al toser. Pero si un tapabocas indica que su portador está enfermo, mucha gente podría no querer usar uno. Si todos tienen que usar tapabocas, los enfermos tendrán uno de manera automática y no habrá ningún estigma relacionado con su uso.

Además, enfatizaron los expertos, debería enseñarse a los estadounidenses a tomarse en serio las advertencias de no saludar de mano ni abrazarse. El “choque de codos que recomienda la OMS” puede parecer gracioso, pero es una técnica legítima para prevenir el contagio.

“En Asia, donde ya pasaron por el SRAS, la gente comprende el peligro”, dijo Heymann. “Se inculca en la población que tienes que hacer lo correcto”.

Se necesita la intervención federal para mantener algunos aspectos vitales de la cotidianeidad durante una pandemia. En Estados Unidos el gobierno federal puede implementar leyes de comercio interestatal para garantizar la continuación de la provisión de alimentos, agua, electricidad, gas, líneas telefónicas y otros servicios básicos.

Trump ha dicho que podría obligar a las empresas a priorizar la fabricación de respiradores, tapabocas y otros productos necesarios; algunos han propuesto participar voluntariamente. También tiene al ejército; la Marina prometió dos buques hospitales en la estrategia contra el virus. Y Trump puede convocar a la Guardia Nacional.

Según los expertos, las decisiones de alto nivel como estas deben tomarse a la brevedad.

“Muchos líderes políticos occidentales se están comportando como si estuvieran en la cuerda floja”, comentó David Nabarro, un enviado especial de la OMS sobre COVID-19. “Pero no hay opción. Todos debemos hacer lo que está en nuestras manos para luchar contra esto”.

Se cree que los cerca de 175.000 respiradores en todos los hospitales estadounidenses y las reservas nacionales estarán muy por debajo de lo que se necesita para manejar un aumento repentino de pacientes.

Los fabricantes, incluidos una decena en Estados Unidos, dicen que no hay una manera sencilla de aumentar la producción con rapidez. Sin embargo, es posible que puedan reclutarse otros fabricantes, como las empresas aeroespaciales y automovilísticas, para ese fin.

Los ventiladores son básicamente bombas de aire con motores controlados por circuitos que los hacen cumplir la función de los pulmones: la bomba empuja el aire hacia el paciente, luego se detiene para que el peso del pecho pueda expulsar el aire.

Los aviones y los coches contienen muchas bombas pequeñas, como las del aceite, el agua o el fluido anticongelante y podrían modificarse para servir como ventiladores muy básicos y austeros. El domingo, Trump tuiteó que Ford y General Motors “tenían el visto bueno” para producir ventiladores.

Mientras tanto, los proveedores están tratando de encontrar alternativas. Las enfermeras canadienses están haciendo circular un artículo de 2006 que describe cómo se puede modificar un respirador para tratar a cuatro pacientes al mismo tiempo.

Enfermeros canadienses están difundiendo un artículo de 2006 que describe un método para que un ventilador sea modificado para atender a cuatro pacientes de forma simultánea. Los inventores han propuesto combinar máquinas C-PAP, que muchas personas con apnea del sueño usan, con tanques de oxígeno para improvisar un ventilador.

Estados Unidos también debe trabajar para aumentar su suministro de oxígeno en tanques y entubado, comentó Aylward.

Una de las lecciones de China, señaló, fue que muchos pacientes con COVID-19 que normalmente habrían sido intubados y tratados con ventiladores lograron sobrevivir solo con oxígeno.

Los hospitales en Estados Unidos han tomado algunas medidas para lidiar con el aumento acelerado de pacientes, como detener las cirugías opcionales y establecer cuartos de aislamiento.

Para proteger a los pacientes que están confinados a una cama a largo plazo, los asilos y hospitales también deben suspender de inmediato las visitas y monitorear constantemente a su personal, dijo el doctor James LeDuc, director del Laboratorio Nacional de Galveston en la sección de Medicina de la Universidad de Texas.

Las reservas nacionales contienen algunos hospitales militares de campo preempacados, pero no se espera que sean ni remotamente suficientes para un aumento importante.

En Wuhan, el gobierno chino cobró fama por construir dos hospitales nuevos en dos semanas. Todos los demás hospitales estaban divididos: 48 se destinaron para atender a 10.000 pacientes de coronavirus en estado grave o crítico, mientras que otros quedaron restringidos al manejo de urgencias como paros cardiacos y nacimientos.

En donde esa medida resultaba poco práctica, los hospitales se dividieron en zonas “limpias” y “sucias”, y los equipos médicos no cruzaban de una a otra. Se construyeron muros para aislar alas completas y —como en las alas de ébola— los médicos entraban por un extremo de la sala enfundados en equipo protector y salían por el extremo opuesto bajo la inspección de un enfermero para prevenir la infección.

A partir del sábado 21 de marzo, las escuelas en 45 estados de Estados Unidos cerraron en su totalidad, pero esa es una decisión que dividió a los expertos.

“El cierre de todas las escuelas puede no tener sentido salvo que haya transmisión generalizada documentada en la comunidad, lo cual no estamos viendo en la mayoría del país”, comentó Thomas R. Frieden, exdirector de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades durante la presidencia de Barack Obama.

No se sabe con claridad qué tanto los niños propagan el coronavirus. Rara vez se enferman lo suficiente como para ser hospitalizados. Las pruebas actuales no pueden indicar si la mayoría se infecta siquiera.

Sin embargo, cerrar distritos escolares enteros puede afectar seriamente la capacidad de una ciudad de luchar contra un brote. Con los niños en casa, los trabajadores médicos no pueden ir a trabajar.

A decir de los expertos, los esfuerzos de China tuvieron éxito en parte debido a cientos de miles de voluntarios. El gobierno declaró una “guerra del pueblo” y lanzó la campaña “¡Lucha, Wuhan! ¡Lucha, China!”.

Se hicieron videos inspiradores que combinaban anuncios de aerolíneas con propaganda al estilo de la guerra de los años 40. Los anuncios eran algo cursis pero unían al público.

Muchas de las personas que estaban inactivas debido a los cierres se ofrecieron para convertirse en verificadores de fiebre, rastreadores de contactos, trabajadores de construcción de hospitales, repartidores de comida, incluso cuidadores para los hijos de los socorristas. También fueron empleados como trabajadores en crematorios. Con capacitación, los voluntarios pudieron hacer algunas tareas médicas de nivel básico, pero fundamentales.

Los estadounidenses suelen ofrecerse como voluntarios para ayudar a sus vecinos afectados por huracanes e inundaciones; muchos no dudarán en hacerlo en este brote.

“Esta verdaderamente es una situación en la que todos debemos poner manos a la obra”, advirtió Ziemer.

Los médicos clínicos en China, Italia y Francia han usado casi todo lo que tenían en las farmacias hospitalarias para combatir la enfermedad y han surgido al menos dos posibilidades que podrían salvar a los pacientes: los medicamentos contra la malaria, cloroquina e hidroxicloroquina, y el antiviral remdesivir, que no tiene licencia de uso en Estados Unidos.

Todavía no hay prueba de que ninguno de estos medicamentos sea efectivo contra el virus. Italia y Francia tienen ensayos clínicos en curso y los hospitales de Nueva York están escribiendo protocolos de ensayos clínicos en este momento.

Una preocupación para quienes lideran los ensayos es que a la cloroquina se le ha dado tanta publicidad que los pacientes pueden negarse a ser “aleatorizados” y se nieguen a aceptar una probabilidad del 50 por ciento de recibir un placebo.

Si algún medicamento funciona en casos críticos, este podría tal vez usarse en pequeñas dosis como profiláctico para prevenir la infección.

Una alternativa es recolectar anticuerpos protectores de la sangre de quienes hayan sobrevivido la enfermedad, dijo el doctor Peter J. Hotez, decano de la Escuela Nacional de Medicina Tropical en la Facultad de Medicina de la Universidad de Baylor en Houston.

El suero sanguíneo purificado —llamado inmunoglobulina— podría tal vez usarse en pequeñas cantidades también para proteger a los trabajadores médicos de emergencias.

Desafortunadamente la primera ola no se va a beneficiar de esto”, dijo el doctor Hotez. “Debemos esperar a tener suficientes sobrevivientes”.

La última esperanza es tener una vacuna que nos proteja a todos. Y muchas empresas y gobiernos ya han apresurado el diseño de vacunas elegibles.

El proceso requerirá al menos un año, incluso si nada sale mal. Los expertos en vacunas explicaron que la barricada no es burocrática. Sucede que el sistema inmunitario humano necesita semanas para producir anticuerpos y algunos efectos secundarios peligrosos pueden tardar semanas en aparecer.

Luego de extensas pruebas en animales, normalmente las vacunas se administran a unos 50 voluntarios humanos saludables para ver si tienen efectos secundarios inesperados y para medir qué dosis produce suficientes anticuerpos como para considerarse protectora.

Si todo sale bien, el ensayo clínico inscribe a cientos o miles de voluntarios en un área donde el virus está circulando. La mitad recibe la vacuna y el resto no, y los investigadores esperan. Si la mitad vacunada no se contagia de la enfermedad, por fin se da luz verde para la producción.

Existe una candidata a vacuna contra el coronavirus que se inventó hace 10 años después del SRAS, dijo el doctor Hotez, pero tuvo que abandonarse cuando pareció que los ratones de las pruebas eran más propensos a morir de neumonía cuando se les inoculaba con el virus de manera experimental.

En teoría, el proceso de prueba podría acelerarse con “pruebas de desafío”, en las que voluntarios sanos reciben la vacuna y luego son infectados de forma deliberada. Pero eso es éticamente complicado en un momento en que no hay cura para el COVID-19 y cuando incluso algunos jóvenes sanos han muerto a causa de este virus.

Las naciones ricas deben recordar que, por mucho que luchen con el virus, los países más pobres tendrán más dificultades y necesitarán ayuda.

Además, las naciones asiáticas que han contenido el virus podrían ofrecer experiencia y equipos que se necesitan desesperadamente. Jack Ma, el multimillonario fundador de Alibaba, recientemente ofreció grandes envíos de máscaras y kits de prueba a Estados Unidos.

Las naciones más ricas ignoraron las advertencias diarias de Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, de que se necesitaban con urgencia esfuerzos mucho más agresivos en el aislamiento y el rastreo de contactos para detener el virus.

“Los países de ingresos medios y más pobres siguen los consejos de las organizaciones internacionales, mientras que a los países más avanzados les resulta muy difícil implementarlos”, dijo el doctor Nabarro. “Eso debe cambiar.”

Al clasificar el virus como una pandemia, Tedros hizo un llamado a las personas de todas las nacionalidades a aprender de los logros, a actuar con unidad y a ayudar a protegerse unos a otros contra la amenaza.

“Cuidemos unos de otros” dijo.


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